El color de los cierres en la rehabilitación de una antigua casa de pescadores
En la rehabilitación de un edificio con historia, cada decisión puede influir en cómo se conserva y se lee su identidad. Los cierres forman parte de este conjunto: no sólo deben responder a las necesidades técnicas actuales, sino también integrarse en la arquitectura existente.
En esta antigua casa de pescadores de L’Escala, en el Alt Empordà, el color de las ventanas tiene un papel especialmente protagonista. Se ha escogido un azul RAL 5014 con acabado texturado que se repite en las ventanas, puerta balconera y puerta principal.
Esta continuidad hace que el color no sea simplemente el acabado de sus perfiles, sino un elemento más de la composición del edificio. El azul aporta contraste respecto al resto de materiales y, al mismo tiempo, conecta visualmente las diferentes aberturas.
Es un ejemplo de cómo una decisión aparentemente pequeña puede contribuir a mantener el carácter de una arquitectura existente y dar coherencia a una intervención contemporánea.
Más allá del blanco, el negro y la antracita
Cuando pensamos en ventanas de aluminio, con frecuencia las primeras opciones son los blancos, grises, negros o tonos antracita. Están muy presentes en la arquitectura actual por su facilidad de integración, pero las posibilidades son mucho más amplias.
Los perfiles de aluminio se pueden lacar en una gran variedad de colores y acabados, lo que permite adaptar los cierres a la paleta cromática y al lenguaje de cada proyecto.
Una tonalidad singular puede utilizarse para generar contraste con la fachada, remarcar las oberturas o crear una relación con puertas, persianas, revestimientos u otros elementos arquitectónicos. También se puede buscar el efecto contrario y elegir un acabado que se integre visualmente en el conjunto.
¿Cómo elegir el color de las ventanas?
La elección no depende sólo de una preferencia estética. El color del cierre forma parte de un conjunto y conviene valorarlo en relación con los materiales de fachada, revestimientos, puertas, persianas, sistemas de protección solar y demás elementos que definen el edificio.
También es necesario decidir qué papel queremos dar a las aberturas. Un color cercano al de la fachada puede ayudar a integrarlas visualmente, mientras que una tonalidad contrastada puede acentuar su ritmo, remarcar determinados volúmenes o convertirlas en un elemento más protagonista.
No existe, por tanto, una única solución correcta. La clave es que el acabado responda a la arquitectura, al contexto y al efecto que se quiere conseguir.
Color, textura y percepción
No sólo la tonalidad modifica el resultado. Los acabados mates, texturados o más lisos también influyen en la forma en que el perfil responde a la luz y en su percepción junto a los demás materiales.
Esta combinación entre color y textura permite afinar aún más la integración de los cierres dentro del proyecto y reforzar su coherencia visual.
Rehabilitar sin perder el carácter
En intervenciones sobre edificios existentes, la incorporación de nuevos cerramientos plantea un equilibrio especialmente interesante: mejorar prestaciones, confort y funcionalidad sin desvincular la nueva solución de la arquitectura original.
En este proyecto, la continuidad cromática entre las diferentes oberturas ayuda a mantener una lectura unitaria del edificio ya integrar los nuevos elementos en una casa con una identidad propia.
En Grabalosa trabajamos con arquitectos y profesionales del proyecto para definir soluciones de cierre adaptadas a cada obra, teniendo en cuenta tanto los requerimientos técnicos como los materiales, acabados y contexto arquitectónico.
Porque renovar no siempre significa transformar. A veces significa saber qué hay que conservar y cómo incorporar lo nuevo.





