Control solar pasivo: cómo evitar el sobrecalentamiento de los espacios
Antes de pensar en cómo enfriar un edificio, es importante pensar en cómo evitar que se caliente.
El control solar pasivo forma parte de las decisiones que se toman desde la fase de diseño: la orientación del edificio, la ubicación y dimensión de las aberturas y su relación con elementos de protección solar como voladizos, pérgolas u otros sistemas de sombra.
Una correcta planificación de las oberturas permite controlar la incidencia de la radiación solar a lo largo del año, aprovechar mejor la luz natural y limitar el sobrecalentamiento de los espacios interiores.
En definitiva, se trata de utilizar las propias decisiones arquitectónicas para favorecer el confort interior y reducir la demanda de climatización.
La orientación y las aperturas
No todas las fachadas reciben la misma incidencia solar ni lo hacen de la misma forma a lo largo del día.
Por eso, la orientación condiciona tanto la dimensión y posición de las aberturas como la necesidad de incorporar sistemas de protección solar.
Una gran superficie de vidrio puede aportar luz, amplitud visual y una conexión directa entre interior y exterior, pero también implica estudiar con precisión cómo incidirá el sol sobre ese espacio.
No se trata necesariamente de reducir las aberturas, sino de proyectarlas y resolverlas adecuadamente.
Voladizos, pérgolas y sistemas de sombra
Los elementos de protección exterior pueden actuar antes de que la radiación llegue al cristal.
Voladizos, pérgolas, lamas u otras soluciones arquitectónicas permiten generar sombra en los momentos de mayor exposición y, al mismo tiempo, formar parte del lenguaje de la fachada.
Su eficacia dependerá de la orientación, de la geometría del edificio y de la trayectoria solar en cada época del año.
Esto permite plantear soluciones que protejan del exceso de radiación durante los meses más cálidos sin renunciar necesariamente a la entrada de sol cuando ésta es beneficiosa.
El vidrio también forma parte de la estrategia
Cuando hablamos de control solar, no sólo importa la dimensión de la ventana.
Las características del vidrio, las prestaciones térmicas del conjunto, el factor solar y el tipo de protección exterior son variables a considerar conjuntamente.
Especialmente en proyectos con grandes superficies acristaladas, esta coordinación es importante para conseguir el equilibrio entre transparencia, entrada de luz natural, confort y comportamiento térmico.
Del proyecto a la solución constructiva
El control solar nace de la arquitectura, pero su eficacia también depende de cómo se resuelven técnicamente las aberturas.
Dimensiones, perfilería, vidrio, sistemas de apertura y relación con los elementos de protección solar forman parte de una misma solución y deben valorarse teniendo en cuenta las particularidades de cada proyecto.
En Grabalosa trabajamos en colaboración con arquitectos y profesionales para definir soluciones de cierre adaptadas a la arquitectura, dimensiones y requerimientos técnicos de cada edificio.
Porque una abertura no sólo define la fachada o conecta el interior con el exterior. También participa en el comportamiento térmico del edificio y en la calidad de los espacios que habitamos.

